A un par de horas de la clausura y sin esperarse ya grandes anuncios, se cierra la Cumbre de Revisión de los ODM sin planes concretos pero con la puesta en marcha de reflexiones conjuntas sobre los pasos a dar, especialmente, en lo relativo a la búsqueda de mecanismos innovadores y adicionales de financiación para desarrollo. Se trasladará el debate a las próximas citas internacionales como el G-20. Ha sido, en general, una Cumbre planteada desde la óptica de los países desarrollados. Se ha hablado de transparencia, eficacia de la ayuda y rendición de cuentas pero sin profundizar en la responsabilidad mutua y compartida entre países donantes y sus socios. Han sido tres días con escasa participación de sociedad civil, especialmente de los países más empobrecidos, debido fundamentalmente al proceso de registro seguido en la Cumbre. Además, ha habido una falta clara de compromisos calendarizados y vinculantes. Se ha aceptado que los ODM no se alcanzarán de seguir la misma línea de estos diez años pero, al menos, se ha reconocido que aún pueden cumplirse si se realiza un trabajo integrado. La coherencia de políticas para el desarrollo ha sido uno de los ingredientes puestos sobre la mesa para poder avanzar en la dirección correcta. Es decir, promover que cualquier política sectorial con impacto en los países empobrecidos sea coherente con los objetivos del desarrollo. En lo que a contenido de metas e indicadores concretos se refiere, en general, también se ha avanzado en el discurso pero sin grandes compromisos. En salud, el reto pendiente parece estar en fortalecer los sistemas de salud que cada país elabore y no a crear sistemas en paralelo. En lo relativo a educación, cabe destacar un par de anuncios de inyecciones económicas (750 millones de dólares el Banco Mundial y 5.000 millones del gobierno australiano) y, en cuanto a medio ambiente, se vincula degradación ambiental con pobreza pero se aplaza la toma de decisiones, sobre todo financieras, para la adaptación al cambio climático de los países más vulnerables. La comunidad internacional tendrá oportunidad de retomar el debate en las próximas cumbres de Nagoya (Japón) y Cancún (México). En cuanto al papel de España y la Unión Europea en la Cumbre, tampoco han dejado grandes titulares. La Comisión Europea anunció mil millones de euros para ODM, pero no se trata de dinero nuevo sino ya comprometido para otras partidas de ayuda. En cuanto a España, el gobierno mantiene su compromiso de alcanzar el 0’7% de la RNB para desarrollo en 2015, aunque sin explicar cómo. Zapatero, junto con Sarkozy, se han autoerigido impulsores de la creación de una tasa para desarrollo a las transacciones, seguramente sobre las divisas, que tendrán que aterrizar en los próximos meses. En este sentido, es necesario fortalecer el Grupo de Trabajo sobre Transacciones Financieras Internacionales y Desarrollo, para que concrete de una forma clara este tipo de propuestas. En definitiva, lo esperado, buenas palabras y pocos compromisos. Las Plataformas Pobreza Cero de Extremadura cierran con escepticismo esta cumbre aunque intensificará el trabajo en el seguimiento de la agenda post-cumbre que se abre hoy y continuarán con la denuncia pública del incumplimiento de los compromisos y de la falta de voluntad política internacional para la erradicación de la pobreza, invitando a la ciudadanía extremeña a que se movilice como acto de denuncia durante la Semana Mundial Contra la Pobreza del 11 al 17 de octubre. |